Aquél tipo gordo con barba blanca y espesa se estaba bebiendo todas las birras de mi padre en cada navidad, cada veinticuatro de diciembre a las doce de la noche. Como de costumbre, era más lo que se llevaba el pa' la boca que lo que nos traía. Dejaba a sus sucios renos en mi jardín, que para variar también estos se llevaban algo, dejaban a las flores sin pétalos y a las plantas sin hojas, vamos, que ni las malas hierbas no se tragaban. Después de beber y montarse un festín con las duendes que se traía desde el Polo Norte, empezaba a cantar, bailar, y de todo menos silencio era lo que nos brindaba. Mis padres dormían como troncos, mis hermanos más de lo mismo, pero yo no. Me dedicaba a observarlo, en todo momento y desde todos los ángulos posibles.
Ya no era lo mismo, Papá Noel se havía convertido en un alcóholico sin provecho ni derecho, al cual pasadas las cinco de la mañana, pasaban a recoger en su peor estado. Las cosas están cambiando.
Giulianna .A.
03 de Diciembre 2016 / 05:45

Papá, no, Papá Whisky 03 de Diciembre 2016 / 05:45
Giulianna .A.

 

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