El ritual de los viernes era siempre el mismo. Ernesto atravesaba la Ciudad de México de un extremo a otro. Las mañanas siempre son complicadas; en esta ciudad todo el día hay gente.

Debía transbordar en tres líneas distintas del metro desbordadas de gente: estudiantes, oficinistas, vendedores, amas de casa, etc. Salir de la estación Tacubaya, caminar hacia el Viaducto y una vez ahí dar vuelta a la izquierda. Su padre lo llevo a comer por primera vez las tortas del Chatin a los 5 años y jamás las había dejado, a pesar de la distancia y el tiempo. Había coqueteado en algún momento de su vida con las de don Polo y las Gladiador; amores fugaces.

Siempre se sentaba en la mesa del fondo, el mesero ya no le preguntaba que deseaba ordenar. Don Raúl (heredero del fundador) ya sabía que deseaba tan distinguido comensal, nunca pedía nada distinto. Los principios son los principios: Torta Cubana y Coca-Cola.

Lo mejor de dos mundos en una sola comida.
Joe DiMaggio
05 de Noviembre 2016 / 01:27

Hasta la victoria siempre 05 de Noviembre 2016 / 01:27
Joe DiMaggio

 

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