La vela encendida alumbra la cavidad. El pequeño escribe su carta al viejo Noel, sobre una caja de madera. A primera vista parece estar solo pero si se presta atención se pueden escuchar menudos pasos que van y vienen. El niño mueve la flama y los ojos brillantes de las ratas, que se han quedado quietas, lo ven. Arriba la noche ha caído y ya no queda nadie en la calle. Los habitantes de la ciudad parecen haber desaparecido. Oye los ruidos de su estómago; el hambre que no lo deja nunca. Apaga la vela y trata de conciliar el sueño. Ruega a Dios y a todos los santos que la magia de navidad también lo alcance a él
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14 de Diciembre 2016 / 08:50

Estampa navideña 14 de Diciembre 2016 / 08:50
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         Taller19 de Diciembre 2016 / 13:44
         Mónica Brasca

 

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