Veía con desilusión que no podría dar regalos a sus hijos pequeños esa Navidad. Ante el desempleo y la ausencia de alternativas, tomó una decisión que tendría consecuencias. Acudió al banco más cercano, de donde salió con premura y dando rodeos para ir a la tienda en la que compró los juguetes. Al salir volteó a los lados con recelo y fue a su casa para dárselos a su mujer. Después regresó a la calle y caminó con paso firme hasta la comisaría, donde se entregó a las autoridades con el sobrante del botín del asalto bancario recién cometido.

Jamás creyeron su historia. La policía nunca recibió reporte alguno de un atraco y el sitio donde aseguró que se ubicaba la sucursal que había robado era una casa en abandono, habitada por un viejo medio loco que afirmaba ser Santa Claus.
el efante
14 de Diciembre 2016 / 17:06

Sacrificio y recompensa 14 de Diciembre 2016 / 17:06
el efante
         ¡Qué preciosidad de historia!14 de Diciembre 2016 / 19:09
         Malvadisco
         Interesante y fascinante, pero...15 de Diciembre 2016 / 01:46
         Giulianna .A.
         Gracias Malvadisco y Giulianna15 de Diciembre 2016 / 21:20
         el efante
         Taller19 de Diciembre 2016 / 13:49
         Mónica Brasca

 

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