—Hoy no tengo historia que contarles —dijo con tristeza ese hombre, alrededor de quien se sentaban los niños más pobres, huérfanos y abandonados, que se reunían cada tarde en el parque a escuchar sus fantásticos relatos.

—Pero tengo algo mucho mejor. Algo por lo que dejarán de ser los perseguidos y olvidados, algo por lo que serán recordados por siglos —exclamó con alegría mientras se ponía de pie de un salto.

Parado en medio de ellos brincó con la agilidad de un bailarín y durante el breve vuelo se desplegaron dos espléndidas alas a su espalda. Aleteó y se posó suavemente en el suelo. El asombro y el júbilo se apoderaron de los chiquillos que permanecieron inmóviles, petrificados ante el espectáculo, formando un círculo en torno suyo. Fue entonces que él se volvió a transformar.

Nadie recuerda haber visto antes ahí ese magnífico conjunto escultórico, formado por una docena de niños alrededor de un recién nacido envuelto en mantas, con expresiones tan reales, que han conmovido a quien lo ve. Desde entonces los más pobres, huérfanos y abandonados han encontrado un lugar en donde, con solo acercarse, atraen las miradas de los visitantes, mueven corazones y son acogidos por alguien que les brinda el amor, cuidados y bienestar que deberían merecer todos los niños del mundo.
el efante
15 de Diciembre 2016 / 21:50

Sueño 15 de Diciembre 2016 / 21:50
el efante

 

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