A través de los barrotes de la celda, circulaba el olor a pavo y a castañas asadas. Ya que nunca iban a tener un hogar, quizás les dieran un poco de puré o Panettone, incluso gravy para lamer, antes de ser ejecutados. Pero no comerían esa Noche Buena. Los guardias no querían limpiar la cámara de gas de excrementos, al día siguiente. Frente a la reja, apareció un anciano barbudo. A pesar del abuso y las cicatrices, hicieron el último esfuerzo por agradar. Una cola saltarina. Unos ojos adorables. Una pata levantada en señal de saludo. Y la reja se abrió. El hombre los enganchó a un trineo. Y Santa y su tiro de perros callejeros volaron por el cielo para repartir los obsequios de Navidad.
Malvadisco
16 de Diciembre 2016 / 23:27

Salvación 16 de Diciembre 2016 / 22:26
Malvadisco
          Por favor al tallerista, tomar en cuenta esta correción16 de Diciembre 2016 / 23:27
         Malvadisco
                  De acuerdo, Malvadisco. Consideraré esta versión17 de Diciembre 2016 / 01:17
                  José M. Nuévalos
                  Taller17 de Diciembre 2016 / 09:11
                  José M. Nuévalos

 

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