Sin nada que celebrar, salí a pasear con Firpo, mi perro, a rumiar mi soledad y a ver los adornos navideños del vecindario en este pueblo de paso de migrantes donde vivo. Más adelante, a mitad de la cuadra, Firpo se puso a husmear un bulto envuelto con unas frazadas. Empezó a brincar y a señalarme, como buen perro de caza, que se trataba de algo importante. Al acercarme, vi que se movía. Lo abrí, para descubrir a un niño de días de nacido que empezó a llorar al contacto con el aire frío de esa Nochebuena. Lo recogí, lo arropé de nuevo y regresé tan rápido como pude a casa. No sabía qué hacer, hacía muchos años que mis hijos habían tomado su camino y mi esposa había partido ya, pero creo haberlo hecho bien, porque ahora, seis años después, él espera que lo abrace, lo tome de la mano, lo guíe y le siga dando el calor y la vida segura y confortable que todo niño merece. Sus padres, quien quiera que sean, podrán estar tranquilos y continuar su arduo peregrinaje. Papá Noel le traerá una bicicleta y para mí será la silla de ruedas que necesitaré en breve.
Eskuerdi
17 de Diciembre 2016 / 00:33

Noel (Si es posible, tomar en consideración para el día 16, debido a problemas de acceso a Internet. Gracias) 17 de Diciembre 2016 / 00:33
Eskuerdi
         De acuerdo, Eskuerdi. La tomaré en cuenta, con el permiso del Tallerista D Poe17 de Diciembre 2016 / 01:15
         José M. Nuévalos
                  Gracias, Josep17 de Diciembre 2016 / 13:43
                  Eskuerdi
         Taller18 de Diciembre 2016 / 00:23
         José M. Nuévalos

 

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