Cuando desenvolví mi regalo me di cuenta de que se trataba de un libro singular. Era grande y rígido, con dos gruesas pastas y no tenía hojas en medio. El título, de solo dos letras, me pareció enigmático y más extraño aún resultaba que no se mencionaba al autor. La curiosidad me hizo abrirlo de inmediato. Al hacerlo aparecieron las imágenes de dos páginas a cada lado. Al pasar mis manos sobre ellas descubrí que, con solo deslizar mi dedo a izquierda o derecha, podía navegar a través de ellas. Fui al principio, donde aparecía un índice con el contenido. Luego de revisarlo y ver que había poco escrito en él, lo cerré. En ese momento, por su parecido con las antiguas computadoras portátiles, las letras H y P del título, cobraron sentido, y comprendí la razón de que no se citara un autor. De mí dependería que lo tuviera.
Apóstrofe
19 de Diciembre 2016 / 23:14

Cuando la Navidad futura nos alcance 19 de Diciembre 2016 / 23:14
Apóstrofe

 

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