En la oscuridad de aquel cajón, Malena y yo descubrimos en el cuerpo a cuerpo que estábamos hechas una para la otra, tanto que olvidamos asumir las posiciones adecuadas para el acto y nos fundimos despreocupadamente en un trance de pasión. Cuando oímos que se accionó la sierra, era demasiado tarde. Afuera, el pobre mago pagaría la culpa de la insensatez amorosa de sus dos asistentes.
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07 de Noviembre 2016 / 23:11

Morir de amor 07 de Noviembre 2016 / 23:11
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         Taller10 de Noviembre 2016 / 13:34
         SAPO

 

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