En la pequeña comunidad situada cerca de Leha, pero un poco más lejos, los árboles y sus hojas se habían secado. Es más; el árbol se había quedado calvo de tantas nevadas. El frío invierno jugaba de forma placentera, excitante, elegante. El invierno me susurraba en el oído, me acariciaba el muslo, me hacía sentir bien, me abrazaba. El invierno a lo mejor no quería demasiado a los árboles, pero a mí me amaba.

Quizás todo sea cuestión de amor y por quién sientas ese sentimiento.
Giulianna .A.
16 de Enero 2017 / 02:01

Invierno, invierno, invierno. 16 de Enero 2017 / 02:01
Giulianna .A.
         Taller21 de Enero 2017 / 10:31
         José M. Nuévalos
                  Gracias y...25 de Enero 2017 / 01:50
                  Giulianna .A.

 

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