Se levantó turulato como de costumbre, con el pelo revuelto, cara de papel de lija y aliento de zorrillo. El sol se negaba a salir por entre las nubes en una mañana invernal, triste y quejumbrosa. Vio cómo la gente, metida en sus sombrillas, gabardinas y plásticos, caminaba con rapidez esquivando los charcos que se iban formando uno tras otro. El panorama no era para nada esperanzador, por lo que volvió a guardarse entre las cobijas a la espera de que un nuevo sueño cambiara en algo las insoportables perspectivas del día. Cuando despertó, ya era demasiado tarde para cualquier cosa.
esleongo
20 de Enero 2017 / 09:50

El dormilón 20 de Enero 2017 / 09:50
esleongo
         TALLER23 de Enero 2017 / 12:49
         el aguila descalza

 

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