Del Arte Taurino
Pido disculpas de antemano a Rafael Ramírez Heredia por meterme en su Patio de cuadrillas, pero creo que el libro Citar, Templar, Mandar, escrito por Pepe Malasombra y acompañado con fotografías de Mónica Villa trasciende su propia materia, la tauromaquia, para convertirse en una estupenda obra literaria. Confieso, además, que no soy adepto a la llamada fiesta brava, lo cual no obsta para poder apreciar el trabajo de los autores. El sesgo absolutamente literario del libro no es casual, pues Malasombra (seudónimo de Marcial Fernández) ha publicado libros de cuentos: en estas páginas reseñé Andy Watson, contador de historias.
El volumen tiene la apariencia de un diccionario: de la A a la Z, Pepe Malasombra nos acerca a los elementos más importantes de la tauromaquia, revisa términos y conceptos, y además ofrece datos sobre varios toreros y cuenta muchas y sabrosas anécdotas. Pero no se trata en realidad de un diccionario, porque el autor no se cierra en definiciones acartonadas sino apelando a su conocimiento de la materia e incluso al sentido del humor nos enfrenta al ámbito taurino desde una perspectiva lúdica. Para ello se vale de su oficio de cronista taurino (lo es en el diario unomásuno) y de sus contactos con otras materias, como la historia, la filosofía y la literatura.
En algunas entradas, Malasombra recurre a entrevistas con protagonistas de la fiesta brava, como toreros y empresarios, y deja que sean ellos quienes hagan su propia semblanza o den cuenta de sus actividades y viertan conceptos sobre el arte en cuestión. En otras, prefiere hacer la crónica de determinados acontecimientos, como corridas memorables, que él ha presenciado. Otras veces cede la palabra a distintos cronistas de prestigio. Y no obstante, en cada caso, en cada procedimiento el autor está presente. Tal variedad de recursos hace de éste un libro ilustrador y siempre interesante aun para los legos en la materia.
Pepe Malasombra concuerda con los grandes conocedores del asunto, quienes consideran que el toreo no es un espectáculo vulgar, violento, sino que alcanza proporciones artísticas. Y para afianzar esa idea recurre a símiles poéticos, pictóricos, musicales. Cita autores clásicos y hace que varios toreros hablen al respecto. Algunos coinciden, por ejemplo, en que el flamenco y el toreo son casi lo mismo por la sencilla razón que están hechos con el alma. Alguno dice "La obra de un torero no se puede medir con orejas, o con rabos, o con patas, o con los testículos del animal muerto. No. El hacer del artista sólo encuentra medida en fragmentos de la eternidad".
Alguien más afirma: "El toreo y el flamenco son parecidos porque los dos se hacen con el alma, tanto el cante flamenco como el toreo salen del alma, salen de adentro. No se puede engañar. Al cantor la música le brota de su alma, de sus pulmones, de su garganta, y al torero su toreo le brota de su alma y de su forma de interpretar y componer".
Un gran mérito de este libro es la calidad de las fotografías de Mónica Villa, pues no se trata de gráficas de esas que suelen aparecer en los periódicos, hechas por compromiso y de prisa, sino de trabajos artísticos en todos los sentidos, de esos que se hacen con el alma. Luego, vale mucho la pena acercarse a este volumen que es asimismo bello en su composición.
Artículo publicado en la revista Siempre! Número 2482. Enero 10 de 20001. Año XLVII, con permiso del autor.
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Pepe Malasombra/Mónica Villa.
Citar, Templar, Mandar. México, Ficticia, 2000. 100pp. Contenido: Libro de arte, el primero que edita Ficticia. Con el patrocinio de Osborne, México, la fotógrafa Mónica Villa y el cronista taurino Pepe Malasombra, a manera de ensayo, entrevista y reportaje de fondo, recorren el abecedario de la tauromaquia mexicana entre milenios. |
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