Fiordi di Sonetti / Flores de Sonetos de Antonio
Alatorre es extraordinario museo vivo: HuertaEn mayo de 1964, David Huerta leyó una "Nota prescindible" (revista El Rehílete) de Antonio Alatorre en torno a unos sonetos de Sor Juana; en los setenta volvió a leer al mismo para descubrir todo lo que tenía que enseñar sobre la manera de acercarnos al soneto. Antonio Alatorre (Autlán, Jalisco, 1922), autor de Los mil y un años de la lengua española, profesor emérito del Colegio de México, miembro del Colegio Nacional, Premio Alfonso Reyes y Premio Nacional de Literatura, acaba de editar una antología bilingüe, Fiordi di Sonetti / Flores de Sonetos, en la que comenta un momento decisivo de la historia del pensamiento: el de la adopción del soneto, la más refinada de las formas poéticas occidentales en nuestra lengua.
En presentación realizada en el Colegio Nacional con la presencia de los poetas David Huerta, Aurelio Asiain, Arturo Cantú y el editor, Fiordi di Sonetti / Flores de Sonetos, en voz de sus comentaristas tiene una doble significación: tender puentes entre la alta literatura y lector común, además de ser el primer libro coeditado por Editorial (paréntesis), Editorial Aldus y el propio Colegio Nacional.
Los libros de Antonio Alatorre, dice David Huerta, "sus artículos, sus polémicas, sus ensayos, sus conferencias, sus reseñas, sus entrevistas y hasta sus presentaciones en televisión conversando animadamente con Juan José Arreola decían de mil maneras que la literatura y, en especial, la poesía es algo que vale la pena. ¡Pero cómo lo decían! ¡Con qué conocimiento! ¡Con qué estilo admirable! ¡Con cuánta belleza ciertamente! Esas cualidades siguen intactas casi cuarenta años después, o mejor aún, perfeccionadas si eso es aún posible. La antología de sonetos que ahora edita lo muestra con plenitud".
El soneti, aclara el maestro Huerta para lector profano, "quiere decir sencillamente sonidillos o cancioncistas. Es decir, una forma poética breve capaz de encerrar una sola idea, una sola imagen, una sola observación en esa pequeña cárcel escrita de manera luminosa". Y más adelante añade: "la antología de Alatorre es como un extraordinario museo vivo, de composiciones de muchos tipos y que, además, constituye un pequeño tratado de la traducción".
Aurelio Asian, por su parte, hizo hincapié en la importancia de coeditar este libro "de gran formato y una hermosa tipografía", con el Colegio Nacional: "quizá la única institución mexicana a la que naturalmente, sin ruborizarme ni caer en la grandilocuencia, puedo calificar de Centro del Saber. En el español de nuestros días nos referimos a los universitarios con un anglicismo, los llamamos académicos; sin embargo, las universidades modernas tienen poco que ver con lo que es una academia. Más bien, como ha demostrado Gabriel Zaid, son un centro de poder, escaleras de ascenso social, político y económico.
"El Colegio Nacional", apunta el también articulista de unomásuno, "imparte saber, pero no otorga diplomas ni constancias. El que viene aquí está consciente de que viene a aprender cosas, no acumular puntos ni a buscar un título. Y algunos de los que imparten tales cursos nunca han tenido un título universitario, fue el caso de Octavio Paz, es el caso de Antonio Alatorre. Y, sin embargo, una sesión de esta academia a veces vale más, créanmelo de veras, que todo un curso universitario".
Al respecto, Alatorre puntualizó: "no es que para mí, academia, sea un equivalente de lo tonto, sino que lo es para mucha gente. Se puede decir que es un lugar común de la crítica. Académico tiene varias ascepciones: en un sentido puede ser valioso. Por ejemplo, cuando se señala la falta de rigor académico; lo malo es que este sentido prevalece casi siempre y hace mucho daño. Yo los llamo neoacadémicos".
Del soneto, en el prólogo de Fiordi di Sonetti / Flores de Sonetos, el editor escribe: "Un soneto cabal vale un poema, dice Boileau. También Borges sentía que un buen cuento valía una novela de 500 páginas. Sí, pero, hay desde siempre, algo que impulsa a la humanidad lectora a poner el soneto por debajo del poema largo, el cuento por debajo de la novela (o la pintura de caballete por debajo de la pintura mural o el lied por debajo de la ópera). Afortunadamente también han existido desde siempre los lectores reflexivos, por ejemplo los griegos de hace veintiséis para quienes Safo, autora de poemas equivalentes a sonetos podía equiparse con Homero".
Artículo publicado en el periódico unomásuno, en la sección de Cultura el 21 de junio del 2001.
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Antonio Alatorre, Editor. Fiori di sonetti/Flores de sonetos. México, Editorial Aldus/Editorial Paréntesis/El Colegio Nacional, 2001. 178 pp. |
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