La imposibilidad real y la realidad imposible
Primero fue la nada, después el caos y, por último, el discurso. Por lo menos eso es lo que leemos en el primer cuento del Libro de la luna libre. Es en este cuento que Ricardo Martínez Cantú nos introduce a un concepto que me parece fundamental en su visión del mundo, o diríamos mejor, de los múltiples mundos infinitos posibles: Gracias a los poetas el universo es un lugar habitable porque ellos son quienes lo llenan de sorpresas.
Esta es la tónica que los cuentos que integran el Libro de la luna libre, anécdotas ricas en imaginación, universos posibles que se hacen realidad, transmutaciones de tiempo y espacio, conejos gigantescos que no son conejos y que experimentan con la humanidad, seres improbables totalmente posibles, amores marinos y reflejos que son más inteligentes que el original.
El continuo espacio–tiempo funciona como una forma de confrontación yo–el otro. Yo y el otro son uno mismo, pero nunca iguales. Uno depende del otro; o es a la vez el otro y no lo es porque hay sutiles diferencias, como el pequeño lunar junto a la boca en la "Fábula de las dos Anas".
Esta confrontación permite también interesantes juegos de identidad y parentesco. Soy yo y mi descendencia, a la que podríamos decir que naturalmente condiciono, pero soy también consecuencia de mi descendencia. En "Inter–t o El estado actual del poema interminable", el bisnieto lleva como nombre el seudónimo de su abuelo, o sea, de su pasado. Pero este pasado es también su futuro y su nombre verdadero. Bisabuelo y bisnieto se nombran así en círculos convirtiéndose en el alter ego de su pasado/futuro.
El conocimiento del futuro no puede alterarlo, pero sí convertirse en un factor indispensable para que se cumpla. El pasado condiciona el futuro que condiciona el pasado y así sucesivamente como dos espejos, uno frente al otro, reflejándose hasta el infinito "en un tiempo inmutapersistente". En este caso el discurso antecede a la realidad. El lenguaje –o poesía– se convierte en una condición del devenir y, como mencionamos con anterioridad, de la creación.
Porque esos otros universos que nos cautivan con su riqueza terminan convergiendo en el mundo que habitamos y al que no podemos sustraernos. Aun dentro de la narración más extraordinaria –en el sentido más amplio del término– habrá, en el momento menos esperado, alguna ironía, comentario, cita o referencia que establezca una relación directa entre nosotros –los lectores– y el texto.
Este es el manejo que en los cuentos se da de la intertextualidad. Como las referencias a las sirenas que desean tener piernas o a las gaviotas que aspiran a volar a mil kilómetros por hora por encima de la atmósfera. Y por supuesto: "En un lugar de Júpiter, de cuyo nombre anterior ya nadie se acuerda, hace mucho tiempo que apareció La Mancha." Y qué decir de la fuente de los tritones, en el centro de la plaza principal, en la que se refleja Ana.
Esta intertextualidad subraya nuestra necesaria participación como lectores y completa el círculo de la creación que es ficción y que, con nuestra presencia, no lo es. Es, a fin de cuentas, diálogo. Diálogo entre autor, lector y momento de la lectura. Diálogo que hace vivir a la obra completando su significación y que nos remite hacia nosotros mismos, en un universo abierto donde ficción y realidad –si es que existe– permanecen vinculadas.
En el Libro de la luna libre Martínez Cantú nos confirma que no podemos confiar en esa división que separa la realidad de la ficción porque quién de nosotros puede asegurar que los conejos blancos con chaleco, paraguas y reloj no existen, o que no somos en este momento la ficción de alguna mente que una tarde de domingo, sin nada más que hacer –y si es que existen los domingos–, creó la historia de un Ricardo Martínez Cantú que se divertía escribiendo cuentos de terruñícolas con sus correspondientes epílogos. Yo diría que esto es lo que el autor no sabe, y precisamente porque no lo sabe, no pudo ponerlo allí.
Cristina Elenes
La persona interesada en adquirir un ejemplar del Libro de la luna libre (cuyo precio es de 50 pesos) puede dirigirse al Consejo para la Cultura de Nuevo León, con el señor Antonio Ramos, al siguiente correo electrónico:
antonior@conarte.org.mx
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Ricardo Martínez Cantú. Libro de la luna libre. México, Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León/ CONACULTA, 2001. 93 pp. Contenido: Principio y fin de los tiempos. Una grieta en el espacio. Miserable gusano. En vías de aparición. Amor eterno. Inter-t o el estado actual del poema interminable. Fábula de las dos Anas<>. Luna libre. El rompecabezas. Un solo José. El emigrante. Catálogo incompleto de improbables habitantes del sistema solar. Dentro del centro. Desterrado en la Tierra. Hija de marino, Marina. |
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