VP
16 de Abril de 2004 a las 13:20
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Engañó a los troyanos con su caballo de madera; embaucó a Polifemo con sus juegos de palabras; evitó a las sirenas con la fuerza de su ingenio. Navegar, navegar, sólo quería navegar.
Nadie podía pararlo, ni tampoco Calipso en siete años de ocio y amor; nadie, ni las artimañas de los hombres ni la voluntad de los dioses. No obstante, cuando Circe lo dejó entrar en su culo, él se quedó allí, doce meses entrampado; y nosotros pensando que el viaje terminaría así, entre aquellas piernas lascivas. Pero no, a Ítaca, a Ítaca, debía volver a Ítaca, donde su paciente mujer lo enredaría en la preciosa seda de su tejido hasta el fin de sus días.
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